Semillas de Identidad

Colombia entra en la ola de producir semillas transgénicas. Comunicado a la opinión pública

El nuevo maíz transgénico “made in Colombia”: profundización del desastre para los agricultores. “Colombia entra en la ola de producir semillas transgénicas”¹. Así presentaron los medios de comunicación la autorización dada por el ICA (resolución 13025 de 2019) para la siembra comercial de una variedad de maíz transgénico “desarrollado en Colombia”.

Este hecho se presenta como un extraordinario avance tecnológico realizado por científicos nacionales, persistiendo en la negación de los debates internos e internacionales sobre la privatización y control corporativo de las semillas y los cuestionamientos sobre la manipulación genética de cultivos transgénicos, independientemente que sean producidas por transnacionales o por investigadores nacionales.

 

El nuevo maíz transgénico “Made in Colombia”: profundización del desastre para los agricultores

“Colombia entra en la ola de producir semillas transgénicas”[1]. Así presentaron los medios de comunicación la autorización dada por el ICA (resolución 13025 de 2019) para la siembra comercial de una variedad de maíz transgénico “desarrollado en Colombia”. Este hecho se presenta como un extraordinario avance tecnológico realizado por científicos nacionales, persistiendo en la negación de los debates internos e internacionales sobre la privatización y control corporativo de las semillas y los cuestionamientos sobre la manipulación genética de cultivos transgénicos, independientemente que sean producidas por transnacionales o por investigadores nacionales.

El desarrollo de esta variedad de maíz transgénico por parte de investigadores del Centro de Investigación de la Cadena Agroalimentaria de Cereales y Leguminosas (Cenicel), el grupo de Ingeniería Genética de Plantas de la Universidad Nacional y el Fondo Nacional Cerealista (FNC), no fue más que la incorporación de la tecnología TC-1507 que contiene la proteína Bt (gen cry1F) y tolerancia al herbicida glufosinato de amonio (gen pat), a variedades criollas colombianas para formar un híbrido transgénico. La patente de estos eventos expiró al cumplirse el tiempo previsto, por lo que actualmente están Off-Pattent, es decir, son de “código abierto” y pueden ser utilizadas para nuevos desarrollos tecnológicos, sin tener que pagar regalías por su utilización en investigación. No obstante, la comercialización de esta variedad sí estará controlada por la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales y Leguminosas (FENALCE), quienes detentan la propiedad sobre esta semilla.

Esta semilla transgénica no es nueva, de hecho, el maíz que incorpora la tecnología TC-1507 fue aprobado por el ICA en 2007 (Resolución ICA 464), autorizando su siembra a la compañía Dupont y posteriormente usada como base para el desarrollo de otros maíces GM. Incluso, desde ese año se han liberado más de 28 eventos para cultivo de GM -propiedad de Monsanto, Bayer, Dupont y Syngenta-, sembrados principalmente en los departamentos del Meta, Tolima, Huila, Córdoba y Valle del Cauca, alcanzando un área de siembra de 86.030 hectáreas para el año 2017[2]. Lo novedoso en este caso es la incorporación de tecnologías libres de patentes en híbridos nacionales y al igual que los demás eventos transgénicos, este tiene los mismos riesgos e impactos ambientales y socioeconómicos en un país megadiverso como Colombia.

Tras doce años del cultivo de maíz transgénico tolerante a herbicidas en el país, hay agricultores tecnificados que manifiestan obtener mayor rentabilidad gracias a la disminución en el costo para el control de malezas. Sin embargo, el uso continuado y creciente de herbicidas ha generado la aparición de malezas resistentes a glifosato, al igual que la resistencia que muestran las plagas a la toxina Bt, que obligan a aumentar el uso de insecticidas para el control de nuevas plagas y enfermedades colaterales a estas tecnologías, relativizando con ello su costo-eficiencia inicial. Adicionalmente hay denuncias frente a la mala calidad de estas semillas, particularmente en Tolima y Huila, dadas las millonarias pérdidas económicas registradas por los agricultores en 2014 y 2016, sin ninguna respuesta por parte de las empresas semilleras y el ICA, quienes responsabilizan a los agricultores por el inadecuado manejo de la tecnología y a las condiciones climáticas adversas.

Al ser Colombia un centro de diversidad de maíz, con más de 30 razas nativas y cientos de variedades criollas, la principal preocupación frente a la liberación de maíces GM es el riesgo de contaminación genética de esta diversidad de maíces. Es por ello que, desde el año 2016 diversas organizaciones campesinas e indígenas de Nariño, Cauca, Tolima, Caldas, Córdoba y Santander han venido realizando pruebas de contaminación genética de las variedades criollas de maíz, para detectar eventos Bt y Tolerancia a Herbicidas. En algunas de estas evaluaciones se han encontrado variedades criollas de maíz contaminadas con transgénicos, a pesar que el ICA ha prohibido la siembra de maíz OGM en territorios indígenas. Adicionalmente, en el año 2017, la Red de Semillas Libres de Colombia realizó pruebas de contaminación sobre 21 variedades de semillas comerciales de maíz de 11 empresas, certificadas por el ICA como no transgénicas, adquiridas en almacenes agrícolas en municipios de 12 departamentos de la región Andina, Caribe y Orinoquía. Los resultados mostraron que cinco de estas muestras están contaminadas con genes Bt y con el gen de tolerancia a herbicidas (TH), evidenciando un panorama particularmente crítico, puesto muchos agricultores locales adquieren semillas comerciales para la siembra en sus parcelas, sin la garantía de que estas semillas no sean transgénicas.

No podemos desviar el foco del debate con noticias tendenciosas que exaltan el desarrollo de “nuestros propios transgénicos”, sin cuestionar los pilares sobre los cuales se fundamentan estas tecnologías: privatización de la agrobiodiversidad, manipulación genética de seres vivos, normas de bioseguridad en beneficio de la industria, control corporativo del sistemas de semillas, descalificación de las tecnologías no transgénicas y tradicionales, desinformación a la opinión pública y negación de los enormes impactos adversos generados por estas tecnologías en muchas regiones del mundo.

Teniendo en cuenta las evidencias científicas de los impactos sobre los agroecosistemas, la contaminación genética de la biodiversidad, los efectos socioeconómicos y los posibles riesgos en la salud humana y animal generados por los organismos genéticamente modificados, han surgido en respuesta, una diversidad de iniciativas locales y globales de rechazo a estas tecnologías, en defensa de la agrobiodiversidad. Ante este panorama y en aplicación del Principio de Precaución, exigimos al Estado colombiano que prohíba los cultivos GM en el país y en esa vía, reconozca el derecho que tienen los pueblos indígenas y comunidades campesinas y los municipios para declarar sus territorios libres de transgénicos y apoye las iniciativas sociales para enfrentar en sus territorios los impactos de estos cultivos, que incluyen el fortalecimiento de los sistemas productivos tradicionales, la conservación y multiplicación de los maíces criollos, la conformación de redes y alianzas con diversos sectores sociales y las acciones que buscan derogar leyes de semillas.

En síntesis, este “logro del ingenio nacional”, es solo la continuación del despojo de los bienes comunes y de las tecnologías de manipulación de la vida que afectan la cultura de maíz en el país.

Red Semillas Libres de Colombia – RSL

Movimiento Agroecológico de América Latina y el Caribe – MAELA

Alianza por la Agrobiodiversidad y la Soberanía Alimentaria

SWISSAID Colombia

Campaña Semillas de Identidad

FIAN Colombia

Educar Consumidores

Grupo Semillas

 


[1] https://www.dinero.com/pais/articulo/primera-semilla-transgenica-desarrollada-en-colombia/277336.

[2] Grupo Semillas, 2019. Cultivos transgénicos en Colombia. Impactos ambientales y socioeconómicos. Acciones sociales en defensa de las semillas criollas y la soberanía alimentaria. Informe País, 2018, Bogotá, 111 p.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *